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No es que no sepas decidir

Llevas meses dando vueltas a la misma decisión. El problema no está en las opciones: está en quién está eligiendo.

Decisiones · Camilo Castellanos · 5 min de lectura

Hiciste la lista de pros y contras. Hablaste con tres personas de confianza. Leíste, pensaste, dormiste sobre el tema. Y la decisión sigue ahí, en el mismo lugar, mirándote. No es que no sepas decidir. Es que estás decidiendo desde alguien que ya no eres.

Por qué más información no destraba nada

Cuando una decisión se traba durante meses, casi nunca falta un dato. Lo que pasa es que cualquier opción traiciona a alguien. A lo que se espera de ti, a lo que prometiste, a la imagen que construiste. O a lo que quieres de verdad.

Y quien está eligiendo no es neutral. Es el personaje que armaste para funcionar: el responsable, el que no defrauda, el que sostiene. Ese personaje no puede elegir lo que quieres, porque su trabajo es justamente cuidar que no lo hagas.

Una decisión trabada no es un problema de opciones. Es un problema de quién elige.

Señales de que no decides tú

  • Sabes qué quieres, pero lo que te frena es cómo lo van a ver los demás.
  • Cada opción tiene un "pero" que suena a voz ajena: de tu familia, de tu jefe, de tu historia.
  • Te alivia que otro decida por ti, aunque después te pese.
  • El cuerpo responde antes que la cabeza: se te cierra el pecho con una opción y se afloja con otra.

Lo que sí destraba

Separar quién eres de quién aprendiste a ser. Detectar qué mandatos están opinando en la decisión y cuáles son tuyos. Y recién ahí, elegir. No se trata de que la decisión se vuelva fácil, sino de que sea tuya.

Una pregunta para llevarte: si nadie fuera a enterarse, ¿qué elegirías?

¿Te reconociste en esto?

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